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 A través de los cambios que han marcado el pasaje del capitalismo industrial-fordista al cognitivo-relacional, uno de los roles relevantes lo ocupa el nuevo protagonismo de las mujeres. Un evidente proceso de feminización del trabajo se ha acompañado de la marcada valorización (en términos capitalistas) de aquellas facultades lingüístico-relacionales, de atención y de cura, que representan una aportación histórica de las mujeres. En el curso del ultimo decenio los análisis sobre el tema han sido numerosos, sobretodo al interior de la corriente de pensamiento que se rehace a la experiencia de la investigación de tipo operaista.
En la materialidad de las existencias puesta a trabajar que remarca la superación de las tradicionales dicotomías fordistas (producción-reproducción, tiempo de trabajo-tiempo de vida, trabajo material-trabajo inmaterial) y todo esto deviene el centro de las nuevas elaboraciones sobre la composición del trabajo vivo contemporáneo. La obsolescencia de las fronteras entre vida y trabajo, es decir, entre producción y reproducción, son hoy uno de los puntos cardinales sobre los que se fundamenta el mecanismo de valorización (y por lo tanto de explotación) del capitalismo cognitivo-relacional. Este último se caracteriza por una ambivalencia que ha sido observada en profundidad. En el momento en el que las facultades humanas (del cuerpo y del cerebro pasando por el corazón) devienen parte integrante del proceso productivo, se asiste a una creciente subjetivación del trabajo, en la cual la percepción se multiplica y va diferenciándose de forma exponencial. En el curso del ultimo decenio los análisis sobre el tema han sido numerosos, sobretodo al interior de la corriente de pensamiento que se rehace a la experiencia de la encuesta de tipo operaista. En la materialidad de las existencias puesta a trabajar que remarca la superación de las tradicionales dicotomías fondistas (producción-reproducción, tiempo de trabajo-tiempo de vida, trabajo material-trabajo inmaterial) y todo esto deviene el centro de las nuevas elaboraciones sobre la composición del trabajo vivo contemporáneo. La obsolescencia de las fronteras entre vida y trabajo, es decir, entre producción y reproducción, son hoy uno de los puntos cardinales sobre los que se fundamenta el mecanismo de valorización (y por lo tanto de explotación) del capitalismo cognitivo-relacional. Este último se caracteriza por una ambivalencia que ha sido observada en profundidad. En el momento en el que las facultades humanas (del cuerpo y del cerebro pasando por el corazón) devienen parte integrante del proceso productivo, se asiste a una creciente subjetivación del trabajo, en la cual la percepción se multiplica y va diferenciándose de forma exponencial. Detrás de la promesa esperanzadora de la oportunidad de que la individualidad y las diferencias se puedan exprimir en toda su potencia creativa en el acto del trabajo, aparecen formas sofisticadas de control, de condicionamiento social y jerárquico. Un lado oscuro que no se puede pasar por alto si se quiere evitar ideologías sospechosas. Un lado oscuro que puede servir para explicar los suicidios de France Télécom y la tristeza que, según encuestas recientes, parece afectar sobretodo a las mujeres. La valorización del capitalismo cognitivo-relacional, no obstante, si manifiesta toda su eficacia es porque transmite un proceso de expropiación de la cooperación social, de la inteligencia y de la sensibilidad, las tres juntas. Y esto deviene posible debido a la las posibilidades de chantaje que pesan sobre el mercado de trabajo son cada vez más marcadas y violentas. El proceso de precarización estructural del trabajo (que se transforma en precariedad existencial) más allá de la división cognitiva y migrante del trabajo y representa sus puntos cardinales. Se puede evitar de citar el intercambio que cada día pasa entre mujeres migrantes y mujeres autóctonas, entre cuerpos que cuidan y cuerpos que necesitan ser cuidados, en un contexto de estado del bienestar orientado a las familias como lo que impera en Italia? El proceso de feminización tiene como corolario el incremento de la demanda de mujeres migrantes llamadas a desempeñar el trabajo de cuidado, un intercambio que tiene como objeto, por supuesto, la reproducción social: el trabajo de cuidado traducido en un elemento explícitamente productivo. El trabajo de las mujeres, que sea cognitivo o que sea lo de cuidado, tiene la tendencia de asumir un carácter paradigmático porque esta sujeto a una precariedad que se engrandece mas cuanto mas esté elevado el nivel de instrucción. En fin, estos procesos han modificado también la forma de remuneración del trabajo abriendo una nueva contradicción, valor de la cual no ha sido todavía plenamente comprendido. Si aun mas el trabajo de producción tiende a subsumir la vida misma, hasta abolir cada separación, cual es "la justa remuneración" del trabajo? Esta encima tendría que coincidir con la vida, o sea con una renta básica o renta de existencia. Según esta lectura, la renta básica no es una medida asistencial, de tipo redistributivo, sino mas bien la remuneración de un trabajo que produce valor por la sociedad y que no esta certificado como tal. Lo que ha pasado por siglos al trabajo de cuidado de las mujeres, se convierte en experiencia cotidiana de tod*s l*s becari*s, aprendices, investigador*s sin contrato, cuidador*s sin horario. En este sentido, la renta de existencia es variable directamente distributiva, exactamente como lo es el salario a lo cual se refiere, pero, al trabajo "certificado" por las convenciones sociales dominantes (y masculinas). Ademas, es justo para salir del concepto del "valor trabajo" que impregna de manera sofocante el mundo contemporáneo y que transpone todo en mercancía, para entrar realmente en una nueva dimensión -mas consonante con nuestro tiempo y con nuestros deseos- que nosotr*s pensamos en algo muy diferente, pensamos que sea necesario iniciar una reflexión seria sobre la renta básica porque pensamos como obligatorio salir de la falsa quimera del "trabajo de ciudadanía". Una renta de existencia para reforzar la decisión de las mujeres, de sus posibilidad de autodeterminación, sus capacidad de negociación en un mercado de trabajo precario ofreciendo concretamente "seguridad", a través de la consolidación de las posibilidades de defensa, mejorando las condiciones materiales del vivir. Al revés, en el nombre del "trabajo de ciudadanía" gran parte de la sociedad, y en primer lugar las mujeres, se le niega la posibilidad de una brecha, de una alternativa. Solamente en el reconocimiento de todas las contradicciones subjetivas, hoy representadas por las condiciones laborales de las mujeres, es posible pensar en una teoría económica diferente que sea también un camino de liberación para tod*s. *Cristina Morini es periodista y escritora de ensayos sobre las transformaciones del trabajo relacionadas tambien a la diferencia de genero Andrea Fumagalli es Profesor de Economia en la Universidad de Pavia (Italia) http://www.globalproject.info traducciòn del colectivo EXIT. |